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Mostrando las entradas de enero, 2021

Maldito el día que fuimos al funeral (ahí se escondía el bicho)*

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El bicho nos pescó a mediados de mayo del 2020. Eran los tiempos en que había incredulidad en la existencia de este mal que provocaba el enemigo invisible. Los medios informativos propalaban noticias de muchos contagios y muertes de covid en ciudades populosas. Pero en la ciudad chica, ubicada al sur de México, casi colindante con el mar, y donde vivíamos, se conocían de casos aislados. “Eso no existe, hay que seguir trabajando”, decía don Raúl, riendo burlonamente mientras acomodaba sus pantalones en su puesto, en el tianguis (el tiempo le cobraría caro su osadía). Eran los tiempos en que se decía que la enfermedad era un invento de los medios de información, quién sabe con qué intereses oscuros. Pese que a través de las redes sociales, los funcionarios de los gobiernos federal y local alertaban de lo peligroso de este nuevo mal, la gente no tomaba precauciones para evitar el contagio. En las calles, mercados, tiendas departamentales y en los transportes públicos, las personas andaban

Las marrullerías del bicho invisible pero temido*

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Día 29 desde que el bicho me pescó. El bicho es marrullero, deja que te confíes para volver al ataque. Me soltó toda la mañana. Me sentí curado. No tuve ninguna molestia. Sentía que ya mis malestares eran historia. Me sentía tan bien que hasta hice ejercicios en el patio de la casa, por unos 30 minutos; troté, salté, corrí; de estos ejercicios, hice movimientos suaves combinados con movimientos rápidos. Desde el hueco donde faltaba la ventana en la vivienda de la tía, mi muchacha me veía; tenía una mirada alegre y sonreía. Era un buen día, sin duda. Sudé y no me importó que el aire me golpeara; me creía protegido: traía dos playeras abajo y encima el chaleco de rojos vivos. Feliz termine mi rutina. Después, ya sentado en el sillón, metí trapos debajo de mis playeras para no sentir el sudor empapado en las prendas. Era importante proteger espalda y pecho. Sentía que todos mis malestares ya solo eran historia. —Estoy curado —dije, jubiloso, viendo a mi esposa y a mi otra hija, que estaba