19 de agosto de 2019

Noche de califas o la noche triste de Macho Prieto

Noche de califas

Hoy después de tantos años he vuelto a leer Noche de Califas; al terminar la lectura me invadió una tristeza profunda, debido a la soledad que padece Macho Prieto -el personaje central de la novela-: Se queda sin su amada Eva y sin el afecto de uno de sus aprendices de padrote. 

Al final del libro, Armando Ramírez logra lo que hace memorable a una novela: ser capaz de trasmitir los estados emocionales del ser humano. En este caso, el escritor tepiteño, crea una atmósfera narrativa que es capaz de mostrar la soledad de Macho Prieto a causa del amor perdido,  y el sufrimiento interior por enfrentarse a uno de sus aprendices en el oficio de la padrotería.

Macho Prieto y el Conde, a quién Macho había encontrado en los barrios sórdidos de La Merced -uno de los lugares citadinos populares donde conviven cargadores, borrachos, rateros y personajes de la misma calaña- son empujados por el fatalismo a un duelo que ellos no quieren.

Quizá la escena donde Macho Prieto baila con su imaginaria Eva es una de las más memorables del libro Noche de Califas. Se nota allí ya a un padrote en vías del desmoronamiento emocional. Y al lector no le queda de otra que sentir conmiseración por el personaje.

Ese es casi el final de la novela. Y, para mi gusto, es lo mejor logrado de la obra. Con maestría, Armando Ramírez consigue mostrar el interior de Macho Prieto; lo que siente ante la orfandad de cariño y el amor ya perdido de Eva. Haber logrado una atmósfera narrativa capaz de  transmitir la soledad del padrote en ese baile memorable hace memorable la novela Noche de Califas y se le dispensan al escritor el haber recurrido a  muchos lugares comunes en el texto (ejemplos: "[...]el Macho lo vio con amargura" p. 79. "Macho miraba duro", p.78.).


Voz narrativa y el juego literario en Noche de Califas

Desde el inicio de Noche de Califas tiene un ritmo que obliga al lector a seguir leyendo la novela. 

Y desde las primeras páginas también, el autor siembra la curiosidad en el lector por descubrir quién es el pordiosero mugroso que deambula por las calles céntricas de la ciudad. 

También desde el inicio el lector intuye que Macho Prieto se prepara para un pelea. 

Esos dos factores obligan a seguir atento a la lectura. Armando Ramírez, como debe ser en literatura, va poco a poco develando los sucesos; así nos enteramos con quién se va a enfrentar Macho Prieto, así como los motivos que lo impulsan a hacerlo.

Quien cuenta la historia es Sugi, un aprendiz de padrote que recibe enseñanzas de parte de Macho Prieto. Pero la voz narrativa es la segunda persona del singular: Sugi, narra los sucesos, pero como si fuera la conciencia que se lo dijera a él ("Y tú, Sugi, viste al Macho sentado en la banca en la placita de la Merced". [p. 60]).

El escritor juega con la narración: Nos sitúa, desde las primeras páginas, ante lo que será una constante en la narrativa: los recuerdos del que cuenta la historia que se entrecruzan con los momentos en que escribe la historia:
"Tú estás en esa calle mojada por la lluvia de la tarde. O, tú estás aquí, en la calle de Peñón, en este cuarto a las nueve de la noche tratando de atrapar en esta hoja de papel lo que recuerdas. No, tú estás sentado en un auto Ford modelo 45, impecablemente cuidado, pintado de gris con llantas de cara blanca y sentado al volante, esperando. Y no estás aquí tratando de escribir en esta máquina Olivetti lettera 35, esa historia [...]

Noche de califas
Portada del libro Noche de califas, del escritor Armando Ramírez.

El rescate del lenguaje popular en Noche de califas

En el libro Noche de Califas se encuentra el lector ante un lenguaje, tanto del narrador como de los personajes, crudo, como se habla en los barrios populacheros de la Ciudad de México, y particularmente en La Merced, Tepito y otros barrios bravos de la urbe capital. 

No hay autocensura por parte de Armando Ramírez en el manejo del lenguaje. 

También el caló citadino céntrico se puede leer en la obra. Y quizá esto pudiera dificultar la lectura de alguien que no esté habituado con el coloquialismo de la Ciudad de México.

Sin embargo, si algún extranjero quisiera saber como hablan los mexicanos de los barrios populares de la capital del país, sin duda, la novela Noche de califas es recomendable para ese fin.

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