17 de diciembre de 2019

Cómo construir una historia que cautive

Cómo construir una historia


Quien escribe cuentos o cualquier otro tipo de narración literaria, debería poner esmero en cómo construir una historia de tal modo que ese entramado narrativo agarre al lector, lo siente frente al texto y no lo suelte hasta que haya leído todo el relato.

Y es que el armado de la historia (la trama) es de vital importancia para lograr un interés en el texto narrativo.

Cómo construir una historia


Sigamos.

No se trata de sentarse a escribir y ya. El orden de cómo se estructuren los sucesos del relato va a determinar el fracaso o éxito de una narración.

Algo básico que debería saber quien escribe o aspire a construir relatos literarios son los tres momentos primordiales de cualquier historia narrativa, los cuales son:

  • Planteamiento: donde se da a conocer de qué trata la historia.
  • Nudo o conflicto: Las trabas que surgen en la consecución de un objetivo.
  • Desenlace: donde sabemos cómo termina el relato.

Estos tres momentos del relato, el escritor debería planearlos bien, a fin de lograr un interés por la lectura. Y además, utilizar elementos que siembren ya sea la intriga o la duda en los sucesos futuros de la historia.

La estructura lineal de toda historia es esta:
  • Planteamiento
  • Nudo o conflicto 
  • Desenlace.
Si nos preguntamos cómo construir una historia que trascienda, entonces debemos poner mucho esmero en la forma en que angarzamos estos tres elementos.

Las novelas clásicas llevan, en su mayoría, la estructura lineal. Y, en algunas, esto provoca aburrimiento en la lectura, ya que el lector no descubre, en los primeros párrafos, el problema a los que se enfrentan algunos de los personajes.

A veces conviene empezar el relato por uno de los conflictos más álgidos. Por ejemplo, Gabriel García Márquez inicia la novela Cien años de soledad en uno de los puntos más críticos que vive uno de los personajes principales, Aureliano Buendía, que es cuando está frente al pelotón de fusilamiento:

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo".
El escritor colombiano engancha al lector, al mencionar que al militar lo van a matar. Y si queremos saberlo tendremos que seguir leyendo. No hay de otra 

El entramado de esta novela de García Márquez es un buen ejemplo de cómo construir una historia inolvidable.

Estrategias para saber cómo construir una historia que trascienda


El escritor o aspirante a escritor debería estar atento a la forma cómo están ligados los sucesos en las historias de películas, series, telenovelas, cuentos y novelas.

Fijarse en la estructura de las historias de filmes y novelas -por más bobos que parezcan- nos puede servir para saber cómo construir una historia que todos lean.

Lo ideal es, como dijo alguna vez el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, fijarnos en el entramado de buenos cuentos y novelas y desarmar la estructura; voltear al derecho y al revés el entramado, en busca de los recursos literarios que el escritor usó.

Pero el literato o aspirante a serlo debe fijarse, repito, en el entramado de todas las historias con las que se tope, ya sean relatos de películas o series televisivas.

El escritor debe siempre tratar en descubrir por qué un filme o serie es interesante o no. 

Por supuesto, intervienen otros factores en determinar el éxito o fracaso de una película u obra de teatro, pero el modo cómo está contada la historia cuenta demasiado. 

Generalmente, lo que vuelve atrayente una película es la estructura de la historia.

Las telenovelas mexicanas, por ejemplo, tienen al espectador pegado al televisor porque hay un conflicto tras conflicto. Apenas se soluciona uno y surge otro. Y el capítulo concluye, por lo general, cuando a uno o varios de los personajes se encuentran en una situación tensa, cuya solución lo sabremos hasta el siguiente capítulo.

Son las telenovelas mexicanas culebrones, pues a medida que aparece la calma en la historia, inmediatamente surge otro conflicto.


No se aceptan devoluciones: ejemplo de cómo construir una historia buena 

Recientemente me topé con la película No se aceptan devoluciones. Tres veces la ví. Y tres veces lloré. Claro, para lograr conmover al espectador el cine se vale de las imágenes, la música, los silencios, entre otros recursos, pero la historia, y como está construida, es algo vital.

Antes de seguir adelante, quiero aclarar que lo que sigue no es una reseña de esa película, sino que recurro a ella para resaltar cuán importante es cómo construir una historia de un relato.


Cómo construir una historiaa
Un momento de la película No se aceptan devoluciones.


Este filme tiene una estructura clásica:

  • Inicia con el planteamiento
  • Sigue con el desarrollo, donde surgen varios conflictos
  • Y al final viene el desenlace.

Planteamiento de No se aceptan devoluciones

Las tomas nos muestran un hombre de aspecto descuidado: pelo largo, desaliñado, Valentín, al que no le gustan los compromisos matrimoniales. Pero se enreda en amores ocasionales con cuanta mujer se topa: morenas, güeras, altas, chaparras, en fin...

Quien cuenta la historia es el propio Valentín, que -en un flash back- nos relata cómo su padre, Johnny Bravo, buscaba quitarle el miedo cuando era niño; y recurría a métodos nada ordinarios, como encerrarlo en el cuarto a oscuras durante horas, o aventarlo al mar de Acapulco.

El planteamiento no consume muchos minutos. Y posteriormente viene un rompimiento del equilibrio del personaje principal, Valentín:

Una de las mujeres con la que se ha acostado le lleva a una niña de meses. "Es tu hija", le dice, se la da, y se marcha.

La historia ya es interesante porque al personaje se le ha roto la armonía. Ahora no sabe qué hacer con la niña.

Todo escritor sabe que es útil romper la armonía de los personajes para que la historia no sea monótona y el relato se vuelva tenso.

Volviendo al filme, ya Valentín se enfrenta al problema de esa niña que no quiere. Su objetivo es devolverla a la madre, pero esta se ha ido a los Estados Unidos de Norteamérica, nación vecina de México, de donde es Valentín.

En la lucha por devolver  a la bebé, el hombre con la niña llega a un hotel de Estados Unidos, donde ha investigado trabaja la madre de la infante.

Los escritores del guión pusieron en marcha varios recursos en torno a cómo construir una historia. Uno de ellos fue anteponer un antagonista al personaje principal, para dificultarle la consecución del objetivo, con lo cual la historia se vuelve más atrayente.

En el filme que nos ocupa, el protagonista es Valentín, quien tiene el objetivo de encontrar a la madre y devolverle la niña; el antagonista no es un personaje en sí, sino las serie de dificultades que le impiden dar con la mamá de la bebé.

Si lo que te interesa es saber cómo construir una historia que tenga éxito, entonces recomiendo ver la película mencionada, pero fijándote en la forma cómo esta estructurado el relato.

Los escritores del guión, metieron muchos recursos narrativos para lograr una buena historia. Por ejemplo, Valentín, mientras investiga  si en el hotel está la madre de la pequeña, deja a esta dormida, situación que aprovecha para buscar a la mujer en el edificio; desde lo alto del hotel, quizá unos 20 metros, ve a la pequeña que se aproxima a una alberca, muy profunda; el espectador sabe que si el hombre baja por el elevador o escaleras no alcanzará a rescatar a la pequeña.

Cuando Valentín permanece desesperado en lo alto, ante la inminente zambullida mortal de la pequeña, en el borde de la alberca, a un director de cine se  le escucha enojado porque no localiza a un buen stuntman para su película.

(Un stuntman es un actor que dobla a otro en escenas peligrosas en el rodaje, como meterse a las llamas o saltar desde sitios muy altos.)

Desesperado, Valentín se acuerda de cómo su padre le enseñó a no tener miedo y salta desde lo algo del hotel y cae en la alberca justo cuando la pequeña ya ha caído al agua; el director de cine, sorprendido, ve al hombre lanzarse desde lo alto, y sabe que ha encontrado al actor de doblaje que necesita.

Mientras Valentín, con la niña en los brazos, permanece a un lado de la alberca, el director de cine lo convence de trabajar en el cine como stuntman.

A partir de ahí, baja un poco la tensión en el filme. La vida de Valentín es feliz. El tiempo transcurre aprisa en la película: en pocas escenas ya vemos a la niña crecer hasta alcanzar los 7 años, feliz al lado de su padre, con quien juega y lo acompaña a las filmaciones.

En esta parte del filme se nota que los escritores pusieron mucho empeño en cómo construir una historia interesante; y se observa que para que el interés en la película no decline mucho, tienen que montar otro conflicto, y romper la armonía de Valentín y la pequeña, y así lo hacen: de pronto, la madre de la niña habla por teléfono; quiere conocer a la pequeña y quedan de verse en algún lugar. A valentín esto no le gusta, presiente que viene por la niña; el espectador también intuye eso. Este otro conflicto empieza a caminar. La historia empieza, de nuevo, a tensarse. 

La madre, Julie, se ha convertido en una próspera abogada, bonita y bien vestida. Valentín no la reconoce; atrás ha quedado la mujer hippiosa con la que se acostó y que le había ido a dejar a la pequeña hacía siete años. 

Julie se marcha, pero días después, Valentín recibe un citatorio para presentarse en el Tribunal de lo Familiar de los Estados Unidos: la madre reclama a la niña.

Recordemos que el primer objetivo del personaje principal era encontrar a la madre y devolverla a la niña; pero ahora, se ha encariñado tanto con la pequeña, que su objetivo es conservarla a toda costa. A estas alturas de la historia, la tensión narrativa está en su punto más álgido. Y para este momento, ya tenemos ahora sí encarnado en un personaje al antagonista: la madre de la pequeña. Entre la lucha que mantiene el personaje principal, Valentín, y el antagonista, el conflicto se tensa demasiado. El espectador toma partido por Valentín, y espera que este no pierda a la niña, en el juicio.

Son varias escenas de tensión en la historia durante el juicio. El espectador no sabe cuál será el veredicto, aunque se avizora que el papá perderá el pleito.

Sin embargo, el juez dictamina a favor de Valentín. Y llora de felicidad. Y quizá también el espectador.

Aquí pudo haber concluido el filme con un final feliz. Pero los escritores del guión aún nos guardan varias sorpresas.

Si hubiera concluido aquí la película, quizá hubiera sido una historia más. Pero el final final de No se aceptan devoluciones es sorpresivo, como el de los buenos cuentos, por ejemplo La vida feliz de Francis Macomber, de Ernest Hemingway.

Es el guión de esta película un buen ejemplo de cómo construir una historia.

Cuando el juez dicta la sentencia, la abogada de la madre, que también es su pareja sentimental, murmura: "ni su hija ha de ser..." Vemos la cara de la madre, como sorprendida. Esta pista dada por los escritores nos llevan a otro conflicto.

En escenas anteriores, también los escritores nos han insinuado que Valentín tiene una enfermedad terminal. "El tratamiento no ha funcionado", le había dicho el médico, luego de apartar a la pequeña para que esta no oyera.

Una vez más, hay un rompimiento del equilibrio de los personajes: el abogado de Valentín ha informado a este que Julie ha pedido una prueba de paternidad. Otra vez la tensión hasta los cielos. Pronto, el veredicto que el espectador no espera: Valentín no es el papá de la pequeña, y pierde la custodia. Llantos de Valentín. Se suceden escenas en un  collage, donde a padre e hija se le ve felices en diferentes momentos. Llantos míos. Y llantos quizá de otros. 

Aquí podría haber sido el final de la historia. Y hubiera sido buena. Pero los escritores nos tienen reservado algo mejor: mientras la madre acude al departamento del padre por la pequeña, Valentín le dice que lo espere mientras se despide de la niña y le da a Julie dinero para el taxi.

Los minutos pasan y Julie se desespera; podría perder su vuelo a donde se marcharía con la pequeña; toca la puerta y nadie responde; el policía que la acompaña derriba la puerta, nadie está en la habitación; por la ventana hay lazos de tela. "Valentín bajó por la ventana", informa el dueño del edificio.

Un buen cuento redondo pudo haber concluido aquí; sugiere que los personajes buenos, Valentín y la niña, se han puesto a salvo del antagonista, Julie, la máma de la infante.

O pudo haber concluido cuando vemos al padre y la niña de 7 años caminando por la carretera de regreso a México.  Y hubiese sido un buen cuento.

Pero se nota que los escritores conocen muy bien las estrategias en torno a cómo construir una historia, y las ponen en práctica; al final nos tienen preparado una sorpresa: vemos a la madre exigiendo al director de cine que les revele el paradero del padre y la pequeña; lo presionan y este explota; les dice que ese hombre que se ha fugado, desde hace 4 años ha despertado con la ansiedad de que ese día sea el último que esté con su hija. Después, la cámara nos muestra a la abogada y a la madre sorprendidas por lo que les ha relatado el director de cine.

Eso que les relató a ambas mujeres, los espectadores no lo sabemos. Por supuesto, eso que nos han ocultado los escritores en la historia, también lo conocen bien el director de cine y Valentín.

Claro, el espectador cree que a Valentín algo grave le pasa en su salud.

Vemos después a Valentín con la pequeña en Acapulco. Se les nota felices en el mar, en la playa; pero, oh, sorpresa, después vemos a la madre, de pronto, caminado en la playa hacia ellos; El padre la descubre y su rostro connota preocupación; la pequeña, al mirarla, se va a refugiar al lado de su papá, pero este la impulsa de que vaya al encuentro con su mamá. Curiosamente esta ya no reclama la custodia de la niña. No se le oye decir algo que inquiete al papá y a la pequeña.

Son ya las escenas finales.

Y en esas escenas últimas, se escucha la voz en off de Valentín narrando la historia, y nos cuenta que el médico había dicho que hubo un defectito que iba a crecer y que el día menos pensado "te va a dejar en estado de coma, o dejarte durmiendo para siempre", y cuenta que el diagnóstico del médico se cumplió: la niña murió en brazos de ambos, de Valentín y Julie, mientras permanecen mirando el mar. No se oyen los llantos de Valentín. Solo oigo, los míos.

Sin duda un final redondo, digno de un buen cuento, de una buena historia.

Desde aquí mi reconocimiento a los escritores del guión de No se aceptan devoluciones: Guillermo Ríos, Leticia Margalli y Eugenio Derbez.

Últimos comentario en torno a cómo construir una historia buena

He abordado esta película no para hacer una reseña de la misma, como ya dije líneas arriba, sino para ejemplificar cómo construir una historia buena. Por supuesto, muchas cosas han quedado fuera en este texto, en cuanto los recursos literarios de una buena historia, pero lo aquí mencionado vale para ermar un buena historia narrativa.

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